domingo, 27 de mayo de 2012

trascitar por la vida

Para transitar por la vida tenemos que ir de la mano de bellas personas, de hermosas almas que den luz y brillo a nuestra existencia. Así ha pasado en mis días. En mi adolescencia, conocí a Yanilda, excelente compañera y amiga desde los 10 años. Ella sostenía una lucha contra mi nostalgia y a veces vencía. Me dio la mano en muy momento en que lo necesitaba. Hace apenas un año hablé con ella y Le señalé mi felicidad actual
En esa misma fecha de mi bachillerato, conocí a Abat con sobrenombre “Kabubi” y a Sandra; ellas protagonizaron un episodio bastante pintoresco. Teníamos Educación Física y debíamos recorrer la cancha, pero en un descuido unos viles rateros, les llevaron sus pertenencias. Entre las cuales estaban sus pantalones, sus relojes y su dinero. Ambas tuvieron que recorrer amplio espacio con un mínimo pantalón corto y algo para medio cubrirse entre las dos. Sus compañeras no sabíamos, si reírnos a compadecerlas. Porque eran supertímidas y delgadas. Así que sufrieron lo lindo para llegar a su casa.
Igualmente, hoy recuerdo a las compañeras que compartieron conmigo una casa de reposo, (diciembre, siempre las trae a mi memoria). Llegué a ese lugar, con trastornos epilépticos y nerviosos. Pasé cuatro días sin dormir, mis compañeras parecían angelitos en cada una de sus camas, yo sin embargo, me encontraba, en algo peor que el infierno de Dante. Le rogaba a todas las enfermeras y a la doctora nocturna. Para que me suministraran algún tratamiento para lograr dormir y lo que hacían eran reírse o protestar. Allí sufrí el distanciamiento de mis familiares, días insomnio y un ejercicio extremo para intentar calmar los nervios. Mi madre protestó ,sin embargo, se sucedían castigos en cuartos oscuros, me sujetaron piernas y manos contra la cama, sin piedad a la enfermedad. Continuaba, mi declive sin remedio. Finalmente, varias acompañantes vieron mi deterioro y me dijeron_ ¿Jasmín cómo estás así?“vamos hacer una cosa todas nos sentamos frente a los consultorios y cuando las enfermeras menos piensen te damos un empujón y sales corriendo al de tu doctora”. Así hice, con las pocas fuerzas que me quedaban y aterricé de rodillas frente a mi medico.Le rogué por sus seres más queridos; que me diera algo que me hiciera dormir. Ella me vio aterrada, observando mi descomposición y la indolencia de la enfermera (molesta porque se había trasgredido su supuesto trabajo) La doctora asignó una inyección y me dijo- qué si podía dormir, me daría luego el medicamento en pastillas. Me aseguró, que pasaría el otro día observando los resultados. 
Afortunadamente, ese medicamento poco a poco logró mi salud. Agradecí a mis amigas, porque sin ellas no hubiera podido alcanzar mi bienestar que logré al poquísimo tiempo. Las bendeciré toda mi vida. Porque gracias a ellas he logrado mi felicidad traducida en cada meta que me propongo y que Dios con su magnificencia me ayuda desde lo alto. Por eso, en las fechas más importantes las recuerdo y pido para ellas lo mismo que el Ser Supremo me ha dado LA ALEGRIA DE VIVIR
                                                  

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